“Jehová nos saco del desierto y nos llevo a la tierra que le prometió a nuestro padre Abraham” me dice, con la autoridad de quien se sabe dueño de la verdad. Mil preguntas pasan por mi mente, mi actitud crítica y en cierta medida escéptica ante los temas religiosos aflora, pero quiero ser prudente, es una persona mayor y cuestionar sus dogmas podría ser atentar contra todo lo que le queda en esta vida. Señor Saúl y ¿Por que Dios hizo pacto con un solo pueblo dejando de lado al resto de la humanidad?,¿ Por que mando un diluvio universal con el fin de extirpar la maldad del mundo si aun existe maldad en los hombres de la actualidad? , ¿Por que dice en génesis que Dios al descubrir que había maldad en los corazones de los hombres sintió dolor en su corazón y se arrepintió de haberlos creado?, ¿Es posible que un ser perfecto como Dios se pueda arrepentir, que técnicamente es una mezcla de dolor y arrepentimiento por algo mal diseñado? ¿Dios se puede equivocar entonces? Efectivamente me salte el protocolo y mi intriga filosófica pudo más. Ya estaba hecho el bombardeo cuestionador, solo era cuestión de que no malinterpretara mi curiosidad por una felonía o una blasfemia cuestionadora. Pese a lo que podría decirse con una sonrisa involuntariamente asombrosa empieza un dialogo edificante:
Sabes hijo , si eres capaz de razonar y cuestionar estos hechos es porque Dios te dio esa capacidad y por lo tanto es legitimo que te hagas ese tipo de interrogantes, pero existen cosas que solo viviéndolas (la experiencia con Dios ) puedes encontrar explicación
¿Usted ha vivido una de esas experiencias Don Saúl?
Las vivo en todo instante, desde que tengo uso de razón, es mas, si tu hoy has venido hablar conmigo así sea por casualidad es porque Adonai (Dios) te ha enviado, y esto en definitiva es una prueba suya.
Entonces, ¿Qué tengo que hacer para que yo también viva una experiencia así?
¿has leído el principito? ¿te acuerdas la parte en que el zorro le dice que solo con el corazón se ve bien, lo esencial es invisible a los ojos?
Claro, que excelente libro, lo he leído 6 veces.
Pues muy bien, esa es la medula espinal de todo este asunto. Tienes que aprender a ver el mundo en su real magnitud, dejando de lado los esquemas de la carne, la influencia de la cultura del consumismo, lo carnal, el paraíso sensorial. Ver mas allá de las imágenes que se te presentan, encontrar la verdadera esencia de las cosas que se oculta detrás de ellas.
Y una vez que logre ver más allá de las imágenes, ¿podré ver a Dios?
Tú lo has dicho. Dios esta en todas partes, se manifiesta de diversas maneras, desde la sonrisa de un niño, en un amanecer hasta en la felicidad que nos desborda cuando hacemos lo correcto.
Pero ¿Como hago para comunicarme con el, para preguntarle las miles de interrogantes que tengo? Una sonrisa de un niño, un hermoso amanecer ni una felicidad desbordante pueden despejar mis dudas.
Te entiendo perfectamente, yo a tu edad pase por la misma situación y creo que es saludable tener dudas y querer encontrar respuestas y con mayor razón si son temas relacionados con Dios. Pero sabes, la fe es un elemento clave, solo y solo si , tienes la convicción de que Dios en algún determinado momento despejara tus dudas, hallaras esas respuestas, quizás del modo menos pensado, pero de una forma grandiosamente sorprendente.
Entonces, ¿Solo tengo que abrir mi corazón para ver más allá de las imágenes que se me proyectan, y tener fe para encontrar a Dios? ¿Eso es todo?
Si en principio, es así, pero también hace falta un elemento más.
¿Cuál es?
Tener la voluntad de querer encontrar a Dios. Pero no cualquier voluntad como el de un niño que quiere por capricho o sin saber porque. Requieres tener “la buena voluntad” de querer conocerlo, con la finalidad de hallar un sentido correcto a tu vida y de esta forma poder enriquecer la vida de los demás.
¿La curiosidad de conocer a Dios no es un buen fundamento, entonces?
Es una llama de corta duración, no se compara al fuego sagrado de la buena voluntad. Que es buscar a Dios por las razones justas. Mejorar el mundo en que vivimos.
Juan Reyes.
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