Desde joven soñaba con ser un gran arquitecto , pero la falta de recurso económico le impidió lograr tan anhelado éxito en su vida y tuvo que conformarse con trabajar de mozo en un restaurante de pescados y mariscos en el Callao , distrito el cual lo vió nacer.
Es así que Don Pedro Villalobos , de 75 años de edad , nos introduce en su mundo con una mirada cansada y a la vez , una voz que poco a poco se va apagando por el pasar de los años . Satisface el encuentro con un par de bromas que por ser muy vejestorios no se llegan a captar pero consecuentemente roba una sonrisa de los presentes que con mirada tierna se dejan llevar por las aventuras del gran personaje .
Asimismo , no todo puede ser color de rosa , puesto que cuando tenía 17 años de edad sus padres tuvieron un fatal accidente de tránsito , dejándolo huérfano y a la deriva de sus familiares que con el pasar de los años no llenó ese vacío que hasta ahora uno puede ver en su mirada.
Avanzaba el tiempo lentamente para el y también , el cáncer que algún tiempo lo tuvo postrado en su cama pero que afortunadamente fue detectado aun siendo benigno . Que cosas no ha pasado este longevo que frecuentemente recalca que la experiencia es la miel de la vida y que sin ella y el dolor, nadie en esta tierra sería feliz .
Grandes amistades tuvo pero nos dice siempre hay por allí quien busca descarrilarte y llevarte por el camino de la mediocridad , sin embargo hay que ser fuerte de corazón y valorarse uno mismo si no hay quien lo haga. Es así que en este punto coincide con dar una explicación razonable y poco motivadora para el acerca de cómo es que terminó en aquel lugar que ahora ve sus últimos años de vida pasar y que sin familiar alguno que lo visite , dejándolo a la deriva hasta su último suspiro.
Da fé que se sentía como una carga para su familia y sobre todo para su nieto , cuyos padres no contaban con una entrada económica fija y que el trabajo para ambos era escaso . Prefiere Don Pedro dar un pan más a su nieto que quitarle uno valiéndose de que ya vivió lo suficiente como para quitarle energías a quien vió en el vientre de su madre y después correr por el patio de la casa con una sonrisa conmovedora que aun recuerda cuando está en el lecho y en la oscuridad esperando un nuevo día y sobre todo , volver a ver a esa criatura que para el es lo más sagrado que pueda tener en este momento.
Es así que termina la experiencia de este anciano que refleja en su historia la de muchos más y que casualmente uno se pueda llegar a preguntar ,¿será la mía también?.
LUIS MENDEZ CHAVEZ.
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