miércoles, 17 de junio de 2009

La enfermedad más anciana

Muy pocas personas son las que no han visitado un acilo de ancianos, de repente fue en el colegio como obra social o a visitar algún pariente. Sea cual haya sido el motivo no dejamos de darnos cuenta que aparte de tener muchos años encima llevan la carga de muchas enfermedades que su cuerpo no tiene la suficientes defensas para evitarlas.

Estamos hablando de las enfermedades más frecuentes en las personas de la tercera edad que afectan no sólo quitándoles las fuerzas sino que acortándoles aceleradamente los pocos años de vida que les quedan.

Si bien hay una gran variedad de males, podemos encontrar entre los más frecuentes los que conllevan algún desgaste por “tiempo de uso”, y aunque pueda sonar gracioso no lo es para nada. Revisemos algunos de estos males.

La hipertensión arterial por ejemplo ataca al corazón ya que es una de las principales causantes de los paros cardiacos e infartos. Aproximadamente un 30 % de los mayores de 60 años y el 40 % de los de 65, son hipertensos. Al padecer esto los ancianos exigen su corazón al máximo ya que la sangre no llega de manera suficiente al corazón y este aumenta su ritmo cardiaco.

Otra común enfermedad y para muchos una de las más difíciles de afrontar es el Alzheimer que presenta como característica principal la perdida de la memoria, además de cambios en la personalidad de los enfermos con este mal.

Si haz conocido a algún anciano con este mal debería comprender la situación tan complicada y penosa por la que estos adultos mayores tienen que pasar. Desde confundir a cualquier persona con algún pariente cercano, no reconocer a sus propios hijos, tener actitudes ofensivas ante las personas que en algún momento conocieron pero que no recuerdan más, hasta creer que viven en otra época, siendo personas totalmente diferentes.

Esos ojos perdidos y caídos de una persona con esta enfermedad son inconfundibles, llevan una mirada perdida, no recuerdan por momentos ni como hablar.

Y se pueden numerar muchos más síntomas, así como también podemos llenar la hoja de cientos de enfermedades a las que son propensos estos “ancianitos”; tales como valvulopatías, infartos cerebrales, arritmias, deshidratación, sordera, artrosis, osteoporosis, etc, etc, etc; pero de nada valdría porque quizá estas enfermedades no sean las que los hacen sufrir más.

Y digo esto ya que el mal más grande que sufren estos ancianos es el mal de la soledad, de ser olvidados, de darlos por inútiles y prácticamente sentenciarlos a que su próximo encuentro con sus familiares sea cuando estén antes de dar el último suspiro.

La buena noticia es que la cura a esta enfermedad es muy simple y sobretodo gratuita, no se necesitan de mucho dinero para que esta soledad sea tratada, tan solo un poco de disposición y rostros de bondad, ante estas increíbles personas que no hacen más que enseñarnos día a día de lo importante que es disfrutar cada momento y estar atento ante el próximo consejo del abuelo.

Renato Segura Quevedo.

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